top of page
Buscar

¿Por qué las animales marinas no pueden dejar de comer plástico?

  • Josh Gabbatiss (original en inglés
  • 22 oct 2018
  • 5 Min. de lectura

El plástico no solo se ve como comida, huele, se siente y hasta suena como comida.

En una reciente entrevista sobre la serie documental Blue Planet II, David Attenborough describe una secuencia en la cual un albatros llega a su nido a alimentar a su cría. “¿Y qué sale de su boca?”, dice. “No pescado, no un calamar —que es lo que más comen. Plástico”.

Es, como dice Attenborough, desgarrador y angustiante. También es extraño. Las albatros exploran cientos de kilómetros en busca de su presa favorita, la cual arrancan del agua con facilidad. ¿Cómo es que aves tan capaces sean engañadas tan fácilmente, y vuelvan de sus largos viajes con nada más que una boca llena de plástico?

Es un pequeño consuelo descubrir que los albatros no están solos. Al menos 180 especies de animales marinas han sido documentadas consumiendo plástico, desde pequeños plancton hasta ballenas gigantes. Se ha encontrado plástico en las tripas de un tercio de los peces capturados en el Reino Unido, incluyendo especies que se consumen regularmente como comida. También ha sido encontrado en otras meriendas favoritas como mejillones y cangrejos. En síntesis, animales de toda forma y tamaño están comiendo plástico, y con 12,7 millones de toneladas del mismo entrando a los océanos cada año, hay mucho para todas.

La prevalencia del consumo de plástico es, en parte, consecuencia de esta cantidad. En el zooplancton, por ejemplo, se relaciona con la concentración de pequeñísimas partículas de plástico en el agua, porque sus apéndices de alimentación están diseñados para manejar partículas de cierto tamaño. “Si la partícula está dentro de este rango de tamaño, debe ser comida”, dice Moira Galbraith, una ecóloga especialista en plancton del Instituto de Ciencias del Océano, Canadá.

Como el zooplancton, las criaturas cilíndricas con tentáculos, conocidas como pepinos, no parecen ser muy exigentes en cuanto a lo que comen mientras gatean por el suelo marino, recogiendo sedimento en sus bocas para extraer materia comestible. Como sea, un análisis sugirió que estos habitantes del fondo pueden consumir 138 veces más plástico de lo esperado, dada su distribución en el sedimento.

Para los pepinos marinos, las partículas de plástico pueden ser sencillamente más grandes y fáciles de agarrar con sus tentáculos que otros alimentos más convencionales, pero en otras especies hay indicios de que el consumo de plástico es más que un proceso pasivo. Muchos animales parecen estar escogiendo esta dieta. Para entender por qué las animales encuentran el plástico tan atractivo, necesitamos apreciar cómo perciben el mundo.

“Las animales tienen habilidades perceptivas, sensoriales, muy distintas a las nuestras. En algunos casos son mejores y en otros son peores, pero en todos los casos son diferentes”, dice Matthew Savoca del Centro de Ciencias Pesqueras del Suroeste NOAA de Monterey, California. Una explicación es que las animales simplemente confunden el plástico con alimentos familiares —se piensa que las bolitas de plástico, por ejemplo, se parecen a sabrosos huevos de pez. Pero, como humanas, estamos sesgadas por nuestros propios sentidos. Para entender el amor de las animales por el plástico, las científicas tienen que intentar ver el mundo como ellas.

Las humanas son criaturas visuales, pero al buscar comida muchas animales marinas, incluyendo las albatros, usan principalmente el sentido del olfato. Savoca y sus colegas han realizado experimentos sugiriendo que algunas especies de aves marinas y peces se sienten atraídas por el plástico debido a su olor. Específicamente, implicaron al sulfuro de dimetilo (DMS), un compuesto que se sabe que atrae a las aves de forrajeo, como la señal química que emana del plástico. Esencialmente, las algas crecen en el plástico flotante, y cuando el kril se come esas algas —una de las principales fuentes de alimento marino—, libera DMS, atrayendo aves y peces que, entonces, toman el plástico en lugar del kril por el que fueron.

Incluso visualmente, podemos llegar a ciertas conclusiones cuando se considera la atracción por el plástico. Como las humanas, las tortugas marinas dependen principalmente en su visión para buscar alimento. Sin embargo, se cree que también tienen la capacidad de ver luces ultra violeta, lo que hace su visión muy distinta a la nuestra.

Wamar Schyler de la Universidad de Queensland, Australia, se ha metido en la cabeza de las tortugas modelando sus capacidades visuales y midiendo las características visibles del plástico como lo ven las tortugas. También ha examinado el contenido estomacal de tortugas muertas para tener una apreciación de sus plásticos favoritos. Su conclusión es que, mientras las tortugas jóvenes son relativamente indistintas, las más viejas prefieren el plástico blando y traslúcido. Schuyler piensa que sus resultados confirmar la idea de larga data de que las tortugas confunden bolsas de plástico con deliciosas medusas.

El color también es un factor del consumo de plástico, aunque las preferencias varían entre especies. Las tortugas jóvenes prefieren plástico blanco, mientras que Schuyler y sus colegas descubrieron que las pardelas, aves marinas, optan por plástico rojo.

Además de la vista y el olfato, hay otros sentidos que usan las animales para encontrar comida. Muchas animales marinas cazan por ecolocación, en particular ballenas dentadas y delfines. La ecolocación es conocida por ser increíblemente sensitiva, y aun así docenas de cacholotes y otras ballenas dentadas han sido halladas muertas con sus estómagos llenos de bolsas de plástico, partes de autos y otros desechos humanos. Savoca dice que es como si su ecolocación identificara erróneamente estos objetos como comida.

“Hay la idea equivocada de que estas animales son tontas y simplemente comen plástico porque está a su alrededor, pero eso no es cierto”, dice Savoca. La tragedia es que todas estas animales son cazadoras y forrajeras altamente exitosas, que poseen sentidos perfeccionados en milenios de evolución para apuntar a lo que suele ser una gama muy reducida de objetos de presa. “Los plásticos han estado alrededor por una fracción muy pequeña de ese tiempo”, dice Schuyler. En ese tiempo, se han encontrado de alguna manera dentro de la categoría de ‘comida’.

El plástico tiene algo para todas. No sólo se ve como comida, huele, se siente y hasta suena como comida. Nuestra basura viene en tal rango de formas, tamaños y colores que atrae a una variedad similar de animales, y ése es el problema. Schuyler recuerda a alguien preguntando “¿por qué no hacemos todo el plástico azul?”, al ver que los experimentos sugieren que dicho color es menos popular entre las tortugas. Pero otros estudios muestran que para otras especies sucede lo opuesto.

Así que no hay una solución de ‘talla única para todas’, no hay aspecto del plástico que podamos cambiar fácilmente para prevenir que las animales lo coman. Entonces, ¿qué podemos sacar de nuestra incursión en las mentes de las comedoras de plástico? Sacoa espera que las historias trágicas como la del albatros de Atteborough ayuden a cambiar el rumbo de las consumidoras en contra de los plásticos desechables y animar a la gente a empatizar con estas animales. Finalmente, esto ayudará a cortar el suministro de comida chatarra que se vierte en los océanos.

Our Blue Planet (Nuestro Planeta Azul) es un proyecto digital para hacer que la gente hable sobre nuestros Océanos. Es una colaboración entre BBC Earth y producciones Alucia, que brinda increíbles historias, videos, fotografías y más sobre el extraño y muchas veces increíble mundo del planeta azul. Únete a la conversación en #OurBluePlanet y descubre más en https://ourblueplanet.bbcearth.com/

 
 
 
bottom of page